| Otra forma de vivir y alimentarse es posible. Las ciudades lentas se establecen en España |
21 de diciembre de 2006
La población alicantina, Bigastro, ya forma parte de la Red de Slow Cities que pretende fomentar un estilo de vida menos agresivo con el ritmo vital del hombre. Indalecio Navarro, componente de la Junta Directiva de CERAI, coordinó las primeras jornadas que se celebran en España sobre este tipo de ciudades. Pero el camino ha sido largo. Jorge Hernández, también parte de la Junta, narra la evolución del movimiento hasta nuestros días.
El Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI) apoya desde hace tres años la puesta en marcha y consolidación en España, de la organización Internacional Slowfood. En el año 2001, en el encuentro celebrado en Teruel, llamado Teruel 2001 "Otra alimentación es posible" tomamos contacto con diversas organizaciones que promueven en Europa un modelo alternativo alimentario al que cada día se manifiesta como
preocupantemente dominante.
Una dominación que se caracteriza por la elevada concentración de los poderes económico y tecnológico de la producción y comercialización alimentaria, y que pone en jaque a centenares de millones de campesinos en todo el mundo. Esta concentración termina por estandarizar los alimentos hasta hacer perder cualquier vestigio cultural y de respeto por la biodiversidad.
Calificar este absurdo panorama de biotecnofascismo alimentario, entendiendo el fascismo como el intento de anular la personalidad de los individuos al objeto de gregarizarlos, no sería un ejercicio de barbarie intelectual.
Como resultado del encuentro Teruel 2001, se planteó poner en pie una red de productores locales, en una iniciativa llamada Alimenterra que se apoya por una red de productores locales y cooperativos de Holanda, España, Inglaterra y Francia.
Democratización del panorama monopolista de la alimentación mundial
Asimismo se han puesto en marcha los mecanismos participativos para que la ciudadanía empiece a tomar parte activa en la necesidad de democratizar el panorama monopolista y crecientemente desolador de la alimentación mundial. Y de entre esos mecanismos y movimientos participativos, destaca por su extensión y singularidad la organización ecogastronómica Slowfood, con sede en Italia y desarrollo en más de 120 países.
El movimiento Slowfood adquirió dimensión internacional en el año 1989. En España cuenta con una red de más de quince conviviums (núcleos asociativos de esta organización)
y cerca de 800 socios.
Las actividades del movimiento son de lo más variado, pues a las clásicas comidas temáticas, degustaciones, catas, excursiones a zonas de productores, ferias especializadas, promoción y restauración de productos perdidos, en su conocida labor del arca del gusto, se le une su apasionada defensa de la biodiversidad y sostenibilidad productiva y la exigencia de una retribución justa a los productores.
Asimismo es interesantísima su labor educativa que va desde las más elementales formaciones sensoriales en el mundo infantil hasta la formación de cuadros superiores universitarios en las Universidades que el movimiento tiene en el Norte de Italia.
En 1999, y como derivación de este movimiento, surgió una nueva iniciativa comunitaria, que vino en llamarse Ciudades Slow.
En los años 2005 y 2006 esta red, igual que lo había hecho Slowfood, comenzó a salir fuera de los marcos de Italia, donde la red cuenta con la adhesión de más de 50 poblaciones.
Con el desbordamiento del marco italiano, comenzamos una nueva andadura para detener el crecimiento exponencial urbano que promueve la vida rápida o "fast life" y que Sigmund Freud caracterizó como civilización de la prisa. La fase life fue asimismo caricaturizada por y que Charles Chaplin, el famoso "Charlot" caricaturizó en su película "Tiempos modernos". La esclavitud humana que había generado el maquinismo naciente en la revolución industrial es ahora cuestionada en la sociedad postindustrial.
Ciudades slow
Las ciudades Slow con sus requisitos de sostenibilidad, ciudadanía, espíritu comunitario, desarrollo de la producción local, promoción de la innovación y creatividad, singularidad cultural y nuevos retos en el transporte, tratan de prospectar y contraponer determinados valores positivos al actual proceso de castración urbanística que cual plaga, se extiende por amplios marcos de la geografía hispana y que amenaza incluso la sostenibilidad de territorios determinados del mediterráneo y de la periferia madrileña.
Por ese motivo CERAI apoyó, en Bigastro (población alicantina), la constitución de un núcleo promotor de las ciudades Slow en el marco de unas jornadas coordinadas por Indalecio Navarro, componente de la Junta Directiva de CERAI.
Al encuentro asistieron, ocho municipios promotores de la red, más de veinte alcaldes y una abundante representación de compañeros de CERAI, del movimiento Slowfood, y vecinos de la comarca.
Bigastro, ya inscrito en el circuito internacional de slow cities ha rehabilitado la huerta degradada por la sobreexplotación urbanística y agraria situada en la periferia de la población. El terreno se ha dividido en pequeñas parcelas que se ceden a los particulares que deseen entrar en contacto con la tierra en su tiempo libre.
El Protocolo de actuaciones de la naciente Red de ciudades Slow, plasma el trabajo de unas cuantas personas que tratan de hacer de las ciudades Slow, algo más que un logo atractivo, un exponente de su búsqueda de que "Otra forma de vivir y alimentarse es posible".
Jorge Hernández. Ingeniero Agrónomo.
Junta Directiva CERAI
|
|