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   Sensaciones... // Cuaderno de Bitácora

EN HOMENAJE A DON NADIE (25-07-09)
Breve reflexión de los días que pasamos en Targha

Desde el atardecer sereno de Targha se divisa el perfil índigo y rosado del litoral español.
Sentado en la playa uno palpa los cantos rodados, con su textura áspera y salina. Se puede respirar el aire fresco del Mediterráneo, que por ese instante parece haber olvidado todo rastro de polución. Y al fondo se escuchan las voces de los que pasean y el graznido de las aves.
El tiempo parece haberse detenido en un ocaso infinito. Puedes contemplar todo lo que te rodea como si se prestase a ello, como una instantánea en pausado y sinuoso movimiento.
Pero la realidad es cruel, y te revuelve como un jarro de agua helada cuando miras la cresta de las montañas que cobijan la llanura. Unas atalayas grises lo gobiernan todo. Los militares están dentro. Cuando el sol se duerme a tus espaldas, en un abrir y cerrar de ojos, la gente se marcha por orden de los castrenses, que peinan el terreno.
Vuelves al pueblo. En el camino hay una lancha desguazada. No se le pueden hacer fotos.

Te quedas en la casa mirándolo todo desde la azotea, porque sabes que podría pasar hoy, porque pasa muchos días. Tal vez suceda mientras duermes: unas sombras en la noche correrán casi descalzas entre los huertos colindantes haciendo ladrar a los perros.
Lo que para ti es un paraíso, se convertirá en el epicentro del infierno para todos esos que tiraron la moneda y no les dieron ni la cara ni la cruz. Al margen de causas, consecuencias y teorizaciones dialécticas, un averno de piedras es lo que verán los infelices que por su vida hayan querido cruzar hasta la Península.
Si aceleras toda la historia humana, no entiendes muy bien por qué en un punto hacen eso.

Comerciantes, embajadores, ejércitos enteros, cruzando continentes durante milenios a una velocidad precipitada, y de pronto un frenazo, unas personas evitando el ojo avizor de otras. Y, ¿por qué? Es un manchón en el diario de Cronos. Por un momento alguien se ha olvidado de lo que era el mundo y de quiénes éramos en él, y ahora tenemos un teatro lleno de reglas y legislaciones y demás cosas que no se ven desde el Espacio, y que subyugan a unos por encima de otros para premiar a una Europa que habla de derechos cuando quiere decir privilegios.

No existe un sistema perfecto, pero existen sistemas mejores. Estoy seguro de que cualquiera de nosotros estaría dispuesto a ceder algo de lo que tiene por los desfavorecidos si pasase sólo una noche en uno de esos ataúdes flotantes.
Cuando abandonas la arena, tus pies empiezan a ser maltratados por las rocas, que en el punto anterior al agua te inundan las sandalias en forma de guijarros húmedos. Entonces entras en contacto con la madera desconchada de tu nueva vida. Flotar en la oscuridad: esto es lo más terrorífico. En alta mar las olillas se han convertido en gigantes, y su vaivén en bruscas caídas de varios metros sin la amortiguación de un yate multimillonario. Algo te salpica la cara, y en cualquier momento un quiebro podría partir la barca. Imagínate flotando entre dos costas sin poder llegar a ninguna, entre pezados de la nave y desconocidos que te ahogan porque eres un flotador.
Imagínate en esa situación sin saber nadar, con un bebé entre las tripas. Agitas los pies sin ver lo que hay en el fondo. Por momentos encuentras tu cuerpo sumergido inexplicablemente, y luchas por volver a la superficie. Menos mal que no sabes que desde los pececillos carroñeros hasta el gran tiburón blanco cazan en el Estrecho. Un día de estos parte de ti podría descansar en alguna pescadería en forma de sardina.

Cuando miras a la costa desde la que has venido, o a la española, o al maldito cielo estrellado, la verdad de tu situación te parte el corazón como si fuese un cuarzo cayendo desde un rascacielos de Manhattan. La verdad es que el mundo está sereno, tranquilo, con o sin ti. No les importas. Les eres indiferente. Eres un grito en el vacío. Eres una tragedia inundada por pelotas de goma en un parque infantil. Eres así, patéticamente así. Cualquiera podría estar en una orilla mirando el reflejo de la luna, que no te va a ver aunque lo intentes; seguirá magreando a su pareja, mientras el agua carcome tus pulmones. Eres un par de líneas en un teletipo.
Volvemos a la playa de nácar de Targha, con el sabor amargo de un falso placer estival.
¿Quién dijo que fuese bonita?

Guillem Carbonell



Participante del Campo de Trabajo de CERAI en Marruecos (2009)