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Sensaciones... // experiencias
Malaika
Es curioso cómo una canción te puede recordar una época, un lugar, una persona o incluso una sensación. Eso me ocurre con Malaika. Es una canción de Miriam Makeba, una gran cantante sudafricana, símbolo de la lucha por la defensa de los derechos humanos en Sudáfrica.
He de reconocer que, estando allí, llegué a odiarla, porque es la canción que ponían para despertarnos, después de trasnochar la mayoría de las veces….Pero al llegar aquí, no dudé en cambiar el monótono y odioso pitido de mi despertador por esta canción.
Cuando todavía no hay vida en la ciudad, el humo de los coches no ha empezado a ensuciar el ambiente y todavía no se ha despertado el sol…. suena Malaika. Por unos minutos, el sueño se confunde con la realidad.
Y crees que estas en Marruecos.
Y piensas….que habrá veintidós personas más que estarán igual que tú, deseando estar allí. Que la más madrugadora ya estará recién duchada buscando casitas de adobe, que el más inquieto estará escuchando la canción que sonaba el sábado pasado en la discoteca….o que el más dormilón todavía estará roncando, atrapado entre las sábanas.
Y crees que estas en Marruecos.
Y te acuerdas….de un alocado taxista con un corazón enorme, de un profesor de historia que enseña cómo dar clases a un profesor más joven, de un director que siempre va con prisas pero a la vez se lo toma todo con mucha calma, de un cocinero que no sabe donde estará el año que viene, de un escondidizo hombre con gorra que tiene las llaves que abren todas las puertas o de un cariñoso muchacho que aparece con sólo nombrarlo.
Y crees que estas en Marruecos.
Y recuerdas…..a aquel niño que no está tan loco como para viajar a España, a una princesa encerrada en su castillo que pasa el tiempo dibujando flores con henna, una luna que tímidamente aparece entre las montañas para desearnos ‘Laila saida’ sólo a nosotros, la triste mirada de un anciano que deja entrever que hace tiempo fue alguien importante y que ahora vive sólo en las montañas, al chico que te cuenta que Alá es grande o a un gatito de orejas azules que hizo el viaje más largo del mundo en un sombrero de paja.
Y crees que estas en Marruecos.
Y piensas….que hay una pareja de recién casados que verá en su vídeo de boda a dieciocho extrañas, que resulta gracioso pero muy difícil pronunciar las vocales árabes, que una gota de agua puede empezar una divertida batalla campal, que el aire quema cuando entras por primera vez al hammam o que es posible romper una frontera igual que se rompe un globo al ser aplastado.
Y crees que estas en Marruecos.
Y te acuerdas…..del barullo del zoco, del color de los dulces marroquíes, del sabor del curry, de una sonrisa que no tiene todos los dientes, de la espuma que hace el té al servirlo en el vaso por tercera vez, de las risas que provoca un zumo hecho con todas las frutas que existen, de lo esponjosos que son los crepes recién hechos o que incluso a miles de kilómetros de la playa se pueden encontrar charcos de agua salada que forman bellas texturas.
Y crees que estas en Marruecos.
Y recuerdas….el canto del almuecín incluso en el lugar más solitario, el rebuzno de un burro acompasado por el canto de un gallo, el olor a tierra mojada, porque en Bab taza también llueve, un manto de estrellas que cubre el cielo donde alguna de ellas empieza una carrera al infinito o la animada melodía de una armónica acompañada por un darbuka.
Y crees que estas en Marruecos.
Y podría seguir…hasta acabar con todos los bolígrafos que existen en el mundo...
Entonces te das cuenta… de que no estas en Marruecos. Una melancólica sonrisa se dibuja en tu cara y piensas….¿por qué la vida es así?
Y desearías estar en Marruecos…
Violeta Carlos
Algunas reflexiones que me vienen:
Me encantó la mirada de las personas de allí, un mirada cercana y profunda, y a la vez directa y sin miedo.
Me encantaron los olores, los colores, el contacto con la tierra y con el aire, con el agua y el no agua, y con el cielo y sus noches estrelladas.
Me encantó redescubrir el valor de la palabra y del compromiso.
Me encantó su hospitalidad y acogida, la facilidad con que te abren su casa y hacen de su casa la tuya.
Me encantó que siempre tienen tiempo para tomar té. Ahora me gusta hacer cada encuentro importante aunque no esté en mi plan, sólo porque sucede y en sí ya es especial.
Me gusta su calma al hablar y escuchar, al hacer y al no hacer.
Me encantó el “Salam aleikum” la paz esté contigo y el “aleikum salam” que también esté contigo.
Me encantó la individualidad de cada uno de nosotros y a la vez el sentimiento de grupo. De cada uno de vosotros me llevo y aprendo algo. Os sentí cerca y a la vez sentí mi espacio, sentí vuestro apoyo siempre que lo necesité. Gracias de corazón.
Me conmovió conocer las mujeres de Fridza, vidas tan cercanas de casa y a la vez tan distintas. ¿Por qué ellas trabajando de sol a sol y no yo?
Me fascina cuando redescubro que por muchas diferencias que hayan entre las personas, poblados, países... los sentimientos siempre son los mismos, ése lenguaje es universal.
Me asombra como las fronteras naturales son capaces de crear tantas diferencias culturales y económicas, y como una vez vencidas siguen habiéndolas por intereses egoístas que las mantienen. Me planteo cómo desde donde esté puedo contribuir a un mundo más humano, más cercano donde uno no mejore por pisar a otro y donde el sentimiento de unidad nos lleve a reestablecer nuevas relaciones en que el grupo gane. Me duele ver cuando yo sin ti “valgo” menos porque te quito lo que tienes. Confío en el cambio desde cada uno y con el otro, y con el otro... así muy lejos llegar a algo grande.
Viajar siempre enriquece, aunque hay veces en que un viaje puede ser toda una lección; de sabiduría, de tolerancia, de conocimiento, de experiencia, de humanidad, de auto-conocimiento... viajar te abre los ojos, la mente y sobre todo el corazón... y eso no se encuentra en ningún museo.
Esta experiencia no me deja indiferente y me hace tomar una conciencia más amplia del mundo en que vivo y pensar que puedo y debo hacer algo desde donde me encuentre para mejorarlo.
Gracias chicos! Gracias Cerai! Gracias... y a trabajar!
Kika
Participantes del Campo de Trabajo de CERAI, Marruecos (2009)
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