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Sensaciones... // Cuaderno de Bitácora
Primer día, desde el Estrecho: más bien moros(13-07-09)
Nosotros partimos, creyendo saber perfectamente cuál era el destino, al menos en su sentido físico. Nos mirábamos, inconscientes y curiosos, tratando de imaginar qué nos esperaba en el lugar al que poco a poco nos acercábamos en el ferry. En el fondo marino, nuestros miedos y la placa continental europea, quedando atrás. En frente, la costa africana, algún sueño oriental y sobre todo las ganas, creciendo y acercándose, como las mareas que no besan las costas mediterráneas. Mientras tanto, las ganas de conocer y conocernos, el viento, las sonrisas cruzadas, marroquíes en el barco, quizás como los que nos esperan en Bab Taza, las mochilas en la espalda, el pasaporte que nunca aparece, las ganas reales de perderlo y enfrentarse, indocumentado, a nuestra primera África que sabemos que nos abrirá la frontera sin reservas.
Y sin querer, con la misma inconsciencia, ganas y sueño, pisamos con algún recuerdo a olas en nuestro caminar, Ceuta, el puente, la ciudad de paso, la España que sabemos con sangre marroquí. Pasa rápido Ceuta, sin traumas, sin demoras, y en la frontera un termómetro láser sacado de contexto, demuestra que aún no ardemos, aunque sabemos que nuestra fiebre se mide todavía en mercurios europeos, ajenos a la cálida calma que nos espera. El autobús arranca, las ansias también, tres minuto, dos kilómetros y…
Marruecos
Sin saber qué ancestro mató a quién, el Rif no quiso preguntar. Alguien sintió un batir de puertas abiertas y entre los saludos de bienvenida se pudo oler a amistad. Eso me dijeron luego algunos de los que regresaron a Valencia. Ellos contaban y yo cuento que:
Pudimos ver como esos magos extraían el todo de la nada para ofrecérnoslo. El Sur deslumbra.
Pudieron ver como, entre toda nuestra superabundancia, quedaba un gran hueco en nosotros que recibía conmocionado lo que los magos nos daban. Sólo pudimos prometernos querer dar más, de igual a igual, cómo no iba a ser de igual a igual.
Porque mientras llegábamos los niños escribieron nuestro nombre en caracteres árabes, dibujando en papel nuestra nueva esencia.
El espíritu renovándose en la nueva experiencia, el abrazo, la sonrisa, los esquemas rotos pisando el polvo babtasuni.
La carne de nuestro cuerpo europeo ensamblaba aminoácidos marroquíes de la leche y los dátiles con los que nos recibieron, convirtiendo nuestras células made in Spain, en partes constituyentes de los moros recién nacidos que somos.
Moros fuimos desde el primer día en cuerpo y alma, y más moros nos volvimos con cada cuscús degustado y sukran pronunciado y sentido.
Moros más o menos buenos moros, moros no islámicos, blancos, más o menos progresistas, más o menos altos, más o menos bailarines, más o menos calurosos, más o menos cantarines, más o menos bajos, pero todos, todos durante veinte días, más bien moros.
Paula
Jueves, 16 de julio de 2009
Sbaljer con Malaika, como es costumbre.
Más de treinta zombis adormentados alcanzan el comedor de la escuela. Zumo de naranja, café aguado, leche caliente, pan buenísimo, aceite fuerte, mantequilla quesificada y unas aceitunas que compré el día anterior en el zoco, interesantemente interpretadas por el cocinero como algo que ser comido a las 9h.
Tras cepillarnos los dientes algunos, el cuadrado tras el comedor cobija la reunión que despide a los chaunís. La noche de antes fraguó una cálida sensación de euforia inicial. Su instituto ya es habitable y se marchan casi silenciosamente. Después se escogen los turnos para limpiar el baño y escribir un diario que no quedará maquetado como un acordeón. El círculo aún no lo vemos, pero está ahí. Habibi elige ser el cero.
Iniciamos el trabajo, o lo intentamos al haberse ido Said sin dejarnos las llaves. Se vacía de pupitres la ludoteca bajo los atónitos ojos de unos obreros extremamente bondadosos, capataz excluido. Bajo el peso de semejante carga de actividad, dos trabajan y veinte miramos. Las niñas friegan lo que nosotros no hemos sabido. Entra en escena Walid.
Sobra tiempo antes de comer y decidimos abordar el bar grande de la carretera. Panachés, batidos de aguacates. En el camino de ida Ana nos descubre al Bono-búho. Un hombre rico llamado Hassan paga nuestra consumición. Al regreso nos invitan a sardinas esa misma la noche.
Perdida la llave del Dar Talib, ocupamos el porche para extendernos sobre la salvia y descubrir que Vicente, como Billy Elliot, frecuentemente baila en la intimidad. Se hacen las dos y pico, hora de subir a comer. Marta y yo ejecutamos previamente su brillante teatro moralizador contra todo pelo público. El menú consistirá en un cus-cús que desbordará a un Manu que aún contenía sus huevos. La ausencia de los chaunís está presente.
La cocinera abre la puerta a una agradable siesta y a subestimadas duchas ahora que no escasea el agua. Alguien encuentra la llave del edificio bajo una alfombra.
A las 16:50h nos levantamos para asistir a la personal función de historia magrebí de Aziz. Nos hablan del “pueblo libre”, los bereberes o amazigs, Al-Ándalus y su esplendor, las tres etnias marroquíes anteriores a la llegada de los árabes, un poco de Guerra del Rif, gas mostaza incluido, y, curiosamente, nada de Abd el-Krim. El encuentro concluye con un rico dialogo de costumbres entre mujeres de aquí y de allá. Ahora que muchos vuelven sin trabajo de España por la crisis, se empieza a destruir justamente la imagen de super-cultura que tienen de nosotros.
A las 19h inicia la clase de árabe, que prosigue entre risas e interés. Aprendemos los números del 1 al 199 mientras degustamos unas sabrosas prunas que nos ofrece un hombrecillo aún desconocido llamado Nurdin. A la salida, la caída del sol confiere una luz hermosa al valle y Paula, Marta, Kika y yo nos vamos a dar una vuelta por el pueblo. Sin querer, jugamos con los niños.
La cena es todo un impacto dada mi reciente estancia en Italia: spaghetti al ragú marroquí, junto con tortilla. Guillem y yo fundamos una nueva religión moral, hablando de mierda a paladas siendo quitada del culo con las propias manos y del desafío de los tarzanetes. Descubrimos el parentesco de Vicente con cierto productor de películas de comprometida decencia cívica.
Por la noche nos trasladamos al campo de fútbol en masa para contemplar un cielo plagado de estrellas como pocas veces hemos visto. Acogemos a los que nos ofrecieron sardinas para luego enterarnos de su peculiar quehacer en el pueblo. Albert acompaña fuera a los traficantes e intenta tirar del recinto a los propios obreros. No en vano será pronto conocido como Conan. Nurdin regala flores antes de despedirse para descubrir que su buga del amor no arrancaba. Eugenio nos amalgama en un festival de risas perfecto para antes de dormir. Poco a poco vamos cayendo y retirándonos dejando atrás un campo de fútbol oscuro y silencioso pero a la vez tremendamente familiar, testigo de nuestra presencia allí.
Juanjo
Viernes 17 de julio de 2009, visita a las montañas.
(Parte de Alicia):
Hoy es un día muy especial para mí, mi gran deseo de ver la arquitectura tradicional de las montañas de Marruecos.
El día empieza como el resto de los días con un buen desayuno; para hacer esta excursión ha venido una furgoneta de 16 plazas (hoy es la 1ª vez que la utilizamos para desplazarnos) y por supuesto el taxi de Nordine. La furgoneta resulta bastante graciosa… A mitad de camino paramos en un pequeño manantial que sale de la montaña para beber agua.
Llegamos a la casita rural de Hagram donde nos alojamos. Es una casa de piedra pintada con cal azul, que bonita!!, tiene su propio horno y granero de adobe. Comemos en el jardín, ensalada y carne de cordero con ciruelas pasas, de postre sandia (para variar jeje).Como es costumbre Nordine nos ameniza la jornada tocando la armónica, luego Marta Cordi nos mide las energías para ver si estamos desequilibrados.
A mitad de camino, un señor mayor (antiguo Almoaidin de la zona) , nos invita a todos a tomar té. Esto es la autentica hospitalidad, el señor tiene una pequeña pero bonita casa de adobe. Su cabra, su gatito… Yo me hubiese quedado en esta casa, el problema es que no podría comunicarme con este señor. Es un hombre pobre pero con un gran corazón. Seguimos paseando por las montañas, yo sólo veo monte “calvo” y graneros de adobe; no veo los cultivos de Marihuana y se supone que esta zona estaba llena de plantaciones, Marruecos está sufriendo un cambio muy radical en este sentido y desde mi punto de vista va a ser muy negativo.
Al oscurecer llegamos a la casita rural para pasar la noche allí. Siento que todos (después de pasar tanto calor en el paseo y mancharnos de tierra los pies) deseamos una ducha. Pero… sorpresa!! No hay agua en la casa. Me siento un poco guarrilla, pero mola todos vamos igual. Nos sacan antes de cenar unos crêpes con café con leche (esto es un aperitivo) y a los pocos minutos la cena. De cenar tenemos sopa Harira (con fideos, garbanzos, carne, tomate, mucha pimienta…), también cenamos cous-cous con cordero… algún día de estos vamos a petar.
Luego tomamos té en el jardín, algunos se quedan jugando al asesino en el jardín, yo soy de las primeras en irme a dormir, voy a pasar la noche en el recibidor de la casa. Veo a Vicente pasar muchas veces al baño, le ha sentado mal algo (probablemente el té) y está enfermo. Él es el primero en ponerse enfermo en el viaje.
Alicia Lagar “adobe” y Paloma “la hippie de greenpeace”.
Bab Taza, 18 de Julio
Tan solo cinco días y ya me siento cambiada.
Normalmente no me gustan los domingos. Son días de inactividad en los que la mayor parte de las cosas se paran. Sin embargo, todo el mundo sabe con certeza que a la mañana siguiente se verá abocado de nuevo a la rutina. Así que uno se siente preso en una especie de limbo del que no puede escapar.
En Bab Taza he vivido un domingo diferente. De hecho, en Bab Taza, el tiempo transcurre de forma distinta. En primer lugar, porque uno pierde completamente la noción del tiempo al carecer de cualquier tipo de artilugio que nos lo recuerde. Y en segundo lugar, porque efectivamente aquí el tiempo avanza de manera diferente.
El domingo, por ejemplo, tuve la sensación de que el día había sido muy largo. Tal vez sea por la cantidad de cosas que hicimos y vivimos. La mañana comenzó como siempre, con un desayuno energético – Dios mío nos pasamos el día comiendo- seguido del trabajo de pintura. Ese día nuestro cometido consistía en diseñar los dibujos que más tarde decorarían la sala de juegos.
En un primer momento todos nos esforzamos por encontrar una temática en torno a la cual giraran todos los posibles dibujos. No obstante, Ana nos recomendó que diéramos rienda suelta a nuestra creatividad y que luego hiciéramos una puesta en común. Así que, a pesar de mi falta de imaginación y a mi carencia total de aptitudes en el arte del dibujo, traté de exprimirme lo máximo posible.
Balance: varios muñecos siniestros, dos árboles bastante particulares, alguna que otra flor y ¡un super tomate! Finalmente, gracias a las ideas de todos, el proyecto sale adelante y queda constituido oficialmente el grupo de los pirados inspirados.
Por la tarde, las chicas disfrutamos de un baño en el Hamman. Me resultó muy curioso el hecho de ver a las mujeres del pueblo con tan solo una minúscula prenda encima, en contraste con su atuendo habitual, compuesto de varias capas en las que apenas podemos apreciar una cara, unas manos y poco más.
La experiencia en el Hamman fue agradable, aunque un poco estresante. Éramos demasiadas y a veces una tenía la sensación de encontrarse en un gallinero, más que en un lugar para el baño y el relax.
Después del Hamman tuvimos la suerte o la desgracia de asistir a una boda marroquí. No sé si me decanto más por un u otro apelativo. Me explico, fue un placer que nos invitaran a la boda y poder conocer una tradición distinta a la nuestra. Sobre todo fue estupendo, compartir esta experiencia con otras mujeres del pueblo, que nos acogieron con los brazos abiertos. Sin embargo, la espera de la novia se nos hizo muy pesada, ya que pasamos allí sentadas alrededor de 3 o 4 horas. Tal vez exagere, no lo recuerdo con exactitud, pero desde luego la espera se hizo eterna.
Finalmente pudimos ver a la novia, estaba preciosa pero apenas podía caminar por lo pesado que le resultaba el traje y la cantidad de joyas que lucía encima. Parecía triste, miraba al suelo y mostraba todas sus pertenencias a las invitadas, como si constituyera una autentica mercancía. La verdad me sentí bastante decepcionada, imaginaba que la novia irradiaría felicidad por todos los poros de su cuerpo en un uno de los días, se supone, más felices de tu vida. Está claro que en Marruecos, por lo menos en la parte que yo pude apreciar, las bodas tienen un significado diferente. Como si se tratara de meros acuerdos entre las partes.
Mi decepción, sin embargo, llegó a su punto culmine cuando entro en escena el novio, claramente más adulto que la novia. El rondaría los trenta y cinco o cuarenta mientras ella, apenas llegaría a los veinte.
Alicia Belda
21-07-09
Parece mentira, pero de nuevo nos plantamos en martes, una semana ya aquí que sin duda se ha pasado volando. El grupo cada vez está más unido y eso se nota en las locuras que hacemos como la de esta misma noche.
Pero empecemos por el principio del día. Tras escuchar el ya conocido Malaikaaaaaaaaaa, nos levantamos y preparamos para un día de trabajo. Hoy nos toca dar la segunda capa de pintura de la enfermería. Resulta un poco duro por el calor, pero con la ayuda de los chavales se hace más llevadero.
Después de esto vamos a comer y el cuerpo solamente me pide irme a dormir. Mientras yo echo la siesta, según me dicen, ha estado lloviendo, pero sigue haciendo calor aún así.
Más tarde nos dirigimos a casa de Malika (o así creo recordar que se llama) a hacernos el tatuaje de henna. Resulta extraño escuchar la experiencia de una chica como ella que con sólo 18 años (mi edad) no puede salir de casa porque su marido no se lo permite y es más, ella se siente orgullosa de que éste sea el dueño de un bar.
Pero pasamos un buen rato con ella, que sin duda agradece estar en contacto con otra gente (mujeres obviamente), nos invitan a pastas y té y le resulta difícil dejarnos marchar. Pero Said nos está esperando para darnos una charla sobre la educación en Marruecos.
Mientras las chicas estábamos haciéndonos los tatuajes, los chicos juegan un partido de fútbol contra los marroquíes, que por lo que nos cuentan resulta en una gran victoria por parte de estos últimos.
Volviendo a la charla de Said, decir que resulta muy interesante y en ella colabora Wallid, que aprovecha cualquier oportunidad para practicar su inglés. Nada más acabar la charla, nos vamos a cenar y empieza el espectáculo.
Fortuitamente nos sentamos en la misma mesa, lo que posteriormente llamamos el “Equipo K”. Durante la cena las paridas sexuales fluyen como nunca y somos incapaces de contener la risa. Esto auguraba una buena noche y efectivamente, así fue.
Esta noche nos tocaba la película Home, pero mientras estábamos en el Dar Talib, a Marta (punto G) se le ocurre la idea de llenar un barreño de agua y comenzar una guerra de agua. Aunque al principio no parecía continuar la batalla, de repente aparecen Vicente y algunos más con globos de agua. Ese fue el principio de una gran y divertida guerra de la que sólo se libraron aquellos que cogieron ordenadores y demás como rehenes.
Cuando decidimos parar, nos ponemos serios y ponemos la película de Home. Pero para mí el día ha sido muy intenso y acabo durmiéndome en el “chill out”. Un gran día que podría haber sido de lo más normal, pero que juntos conseguimos hacerlo especial como el resto de días en Babtaza. ?
María Montoya (rizos)
EN HOMENAJE A DON NADIE (25-07-09)
Breve reflexión de los días que pasamos en Targha
Desde el atardecer sereno de Targha se divisa el perfil índigo y rosado del litoral español.
Sentado en la playa uno palpa los cantos rodados, con su textura áspera y salina. Se puede respirar el aire fresco del Mediterráneo, que por ese instante parece haber olvidado todo rastro de polución. Y al fondo se escuchan las voces de los que pasean y el graznido de las aves.
El tiempo parece haberse detenido en un ocaso infinito. Puedes contemplar todo lo que te rodea como si se prestase a ello, como una instantánea en pausado y sinuoso movimiento.
Pero la realidad es cruel, y te revuelve como un jarro de agua helada cuando miras la cresta de las montañas que cobijan la llanura. Unas atalayas grises lo gobiernan todo. Los militares están dentro. Cuando el sol se duerme a tus espaldas, en un abrir y cerrar de ojos, la gente se marcha por orden de los castrenses, que peinan el terreno.
Vuelves al pueblo. En el camino hay una lancha desguazada. No se le pueden hacer fotos.
Te quedas en la casa mirándolo todo desde la azotea, porque sabes que podría pasar hoy, porque pasa muchos días. Tal vez suceda mientras duermes: unas sombras en la noche correrán casi descalzas entre los huertos colindantes haciendo ladrar a los perros.
Lo que para ti es un paraíso, se convertirá en el epicentro del infierno para todos esos que tiraron la moneda y no les dieron ni la cara ni la cruz. Al margen de causas, consecuencias y teorizaciones dialécticas, un averno de piedras es lo que verán los infelices que por su vida hayan querido cruzar hasta la Península.
Si aceleras toda la historia humana, no entiendes muy bien por qué en un punto hacen eso.
Comerciantes, embajadores, ejércitos enteros, cruzando continentes durante milenios a una velocidad precipitada, y de pronto un frenazo, unas personas evitando el ojo avizor de otras. Y, ¿por qué? Es un manchón en el diario de Cronos. Por un momento alguien se ha olvidado de lo que era el mundo y de quiénes éramos en él, y ahora tenemos un teatro lleno de reglas y legislaciones y demás cosas que no se ven desde el Espacio, y que subyugan a unos por encima de otros para premiar a una Europa que habla de derechos cuando quiere decir privilegios.
No existe un sistema perfecto, pero existen sistemas mejores. Estoy seguro de que cualquiera de nosotros estaría dispuesto a ceder algo de lo que tiene por los desfavorecidos si pasase sólo una noche en uno de esos ataúdes flotantes.
Cuando abandonas la arena, tus pies empiezan a ser maltratados por las rocas, que en el punto anterior al agua te inundan las sandalias en forma de guijarros húmedos. Entonces entras en contacto con la madera desconchada de tu nueva vida. Flotar en la oscuridad: esto es lo más terrorífico. En alta mar las olillas se han convertido en gigantes, y su vaivén en bruscas caídas de varios metros sin la amortiguación de un yate multimillonario. Algo te salpica la cara, y en cualquier momento un quiebro podría partir la barca. Imagínate flotando entre dos costas sin poder llegar a ninguna, entre pezados de la nave y desconocidos que te ahogan porque eres un flotador.
Imagínate en esa situación sin saber nadar, con un bebé entre las tripas. Agitas los pies sin ver lo que hay en el fondo. Por momentos encuentras tu cuerpo sumergido inexplicablemente, y luchas por volver a la superficie. Menos mal que no sabes que desde los pececillos carroñeros hasta el gran tiburón blanco cazan en el Estrecho. Un día de estos parte de ti podría descansar en alguna pescadería en forma de sardina.
Cuando miras a la costa desde la que has venido, o a la española, o al maldito cielo estrellado, la verdad de tu situación te parte el corazón como si fuese un cuarzo cayendo desde un rascacielos de Manhattan. La verdad es que el mundo está sereno, tranquilo, con o sin ti. No les importas. Les eres indiferente. Eres un grito en el vacío. Eres una tragedia inundada por pelotas de goma en un parque infantil. Eres así, patéticamente así. Cualquiera podría estar en una orilla mirando el reflejo de la luna, que no te va a ver aunque lo intentes; seguirá magreando a su pareja, mientras el agua carcome tus pulmones. Eres un par de líneas en un teletipo.
Volvemos a la playa de nácar de Targha, con el sabor amargo de un falso placer estival.
¿Quién dijo que fuese bonita?
Guillem Carbonell
Martes 28 de julio
pasos, click (botón on) : ¡¡MALAAAAAIKA, MALAAAIKA!!
Desayuno temprano y acto seguido, emm… suya suya: 2 horas más tarde, excursión al parque nacional de Talassemtane junto con los chavales Babtazunis como actividad de la semana intercurtural. Vamos en dos furgonas y el taxinurdin. Vegetación cambiante según cogemos altura. Llegamos a una casa forestal donde nos recibe el guarda. Nos refrescamos en el riachuelo y Nurdin de imprevisto y por la espalda nos ayuda a aclimatarnos, ¡qué atento!. Nos separamos en dos grupos: los andarines en busca de las vistas al mar guiados por el veloz Nurdin junto a la imparable MartaG, que nos tendrá que confesar que desayunó esa mañana; y el grupo musical que se queda a la sombra de los pinos con la guitarra. ¡Las vistas al mar preciosas! Sólo había que cerrar los ojos y dejar volar la imaginación. ¡Camino equivocado! una vez aceptado el error vuelta atrás.
Comida campestre con las manos, entran en juego más sentidos además del gusto, olfato y vista, ¡mola!. Meditaciones y lecturas, es decir, spanish siesta. Recogida y vuelta a casa. El incendio sigue activo, me provoca impotencia y rabia.
Por la tarde interesantísima charla sobre el Islam por un practicante y gran conocedor del Corán. Me ayuda a comprender más a los musulmanes: su religión, historia y evolución. Se nos queda corta de tiempo, le avasallamos a preguntas.
Después de cenar, proyección del documental Zeitgeist, con tres partes: una primera que muestra como con el cristianismo se consigue que las masas crean y sean manejadas con facilidad; una segunda, donde a través de los atentados del 11 de septiembre los ciudadanos parecen aceptar cada vez más el control de los gobiernos y su reducción de libertades; y por último, el monopolio del dinero y gasto militar en la política y economía. Altamente recomendable.
El primer grupo en acostarse disfrutó del show de Alicia con sus imitaciones. ¡muy grande Alion!!!
Gracias chicos por este día.
Kika
Hasta pronto, inch'allah.
Participantes de los Campos de Trabajo de CERAI en Marruecos (2009)
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